Cuando las recomendaciones las carga el diablo: recomendaciones profesionales en redes sociales


ok+sign+666+devil+satanicCompletando la entrada de ayer nos gustaría hacer una reflexión sobre las recomendaciones profesionales en la redes sociales.

Una de las herramientas que tiene la plataforma LinkedIn es la posibilidad de que recomendemos a cierto profesional. Es decir, si algún compañero, jefe o subordinado tiene alguna característica profesional que nos ha llamado la atención y que vemos como una fortaleza dentro de su perfil profesional, podemos destacarla. Esta recomendación, además de ser una valoración subjetiva de su trabajo, proporciona mayor visibilidad a su curriculum ya que el número de recomendaciones que posea una persona es una de las variables que utiliza el algoritmo de LinkedIn para posicionar su perfil.

Si esta herramienta se utiliza con honradez no hay ningún problema, pero… ¿y si intentamos aprovecharnos de ello?.  Jorge Ávila, en el blog «dos en social» ha publicado a principios de febrero la entrada «5 Razones por las que no recomiendo pedir que te recomienden en Redes Sociales y 5 Alternativas«, una magnífica reflexión sobre este tema.

El pedir una recomendación significa:

  1. Comprometer a alguien para que de una opinión de tu trabajo sin conocerlo. La recomendación ha de ser un acto generoso y espontáneo del recomendador, no una petición del recomendado y por esta razón no debemos pedir a quien conoce nuestro trabajo y no nos la ha dado, y mucho menos pedir a quien no conoce nuestro trabajo.
  2. Dejar una huella de «solicitud de recomendación» en las redes sociales que puede tener un efecto «boomerang» y volverse en contra de nosotros.
  3. No tener habilidades para construirnos una presencia digital. Posiblemente si interactuamos, conversamos en las redes, solicitamos ayuda o preguntamos obtendremos poco a poco una visibilidad importante en la red y esta actitud positiva puede provocar una recomendación real por nuestra actitud positiva y colaboradora.

Las redes sociales digitales son una proyección en Internet de las redes sociales reales. Ambas están compuestas por los mismos elementos: personas, y la única diferencia son las herramientas con las que nos relacionamos. Pero en el fondo los motores de las interrelaciones son los mismos. ¿Acaso vamos en nuestro trabajo solicitando  un día cualquiera una recomendación a nuestros compañeros o nuestros jefes?… porque algunas veces las recomendaciones las carga el diablo.

Regulación de apps


Queremos incidir de nuevo en el tema de la regulación, que debería existir de forma explícita, respecto a aspectos relacionados con la calidad de la información recogida en las aplicaciones sanitarias (ya sean dirigidas a profesionales sanitarios o a público general), a las fuentes de las cuales procede esta información y al papel de las potentes empresas relacionadas con el sector sanitarios y que tienen intereses directos en las mismas.

No solamente es importante la regulación de la publicidad más o menos invasiva que se pueda realizar sobre diferentes fármacos en dichas aplicaciones, si no, además, por la calidad de los contenidos existentes en las mismas.

Como siempre vamos retrasados ante una realidad que existe y que deja en cierto vacío a los desarrolladores que pretenden realizar un producto de calidad (al no tener ningún aval que lo identifi¡que) y sobre todo a los usuarios de las mismas que debemos seleccionar según nuestro criterio la calidad de los contenidos expuestos.

Sobre estos temas ya nos hemos pronunciado en este blog en algunas ocasiones y hemos hecho referencia al papel activo que están tomando en Gran Bretaña el NHS y la FDA en Estados Unidos.

En nuestro país seguimos ignorando esta realidad y salvo algunos esfuerzos por parte de la Agencia de Calidad de la Junta de Andalucía no conozco ninguna iniciativa por parte de entidades públicas que estén trabajando en este tema (por favor los comentarios del blog están abiertos si conocéis alguna). A nivel de la Comunidad Europea tampoco conozco que se esté trabajando en este tema.

Os dejamos las recomendaciones de la FDA

y las recomendaciones del NHS