Apps de salud y mayores: ¿un reto pendiente?


Las aplicaciones para terminales móviles se han convertido en una herramienta sanitaria. Muchos profesionales sanitarios las utilizamos de forma cotidiana y las recomendamos a algunos pacientes. En nuestro medio la mayoría de la población a la que atendemos dispone de un teléfono inteligente y las podríamos recomendar, pero ¿qué pasa con nuestros mayores?, ¿presuponemos acaso que no las van a saber utilizar?, ¿estánn diseñadas para este grupo de población que además tiene una mayor incidencia de procesos crónicos?

 

A finales de enero se ha publicado el interesante artículo Prevalence of Health App Use Among Older Adults in Germany: National Survey en la revista mHealth JMIR.

El objetivo de este estudio fue investigar la prevalencia del uso de aplicaciones sanitarias y los factores demográficos relacionados, así como el estado de salud entre los adultos mayores en Alemania a través de una encuesta autoadministrada que remitían a los sujetos a través de correo postal.

La encuesta era larga (duración de cumplimentación de unos 45 minutos) en la que se exploraban diferentes aspectos de los participantes como: caracterización de los participantes, medida de la afabetización informática, medida del estado de salud, investigación del uso de aplicaciones generales y medida de la aceptación de aplicaciones en salud.

El trabajo de campo se realizó en verano de 2016 y se enviaron 5000 encuestas en correo postal a adultos residentes en Alemania mayores de 60 años. Se descartó el uso de una encuesta a través de Internet para evitar un sesgo de participación de usuarios más avanzados en el uso de herramientas digitales.

De las 5000 encuestas remitidas solo contestaron 576 sujetos (tasa de participación 11,56%) aunque se desconoce el número total de personas que contestaron parcial o totalmente la encuesta y no la remitieron.

La edad promedio fue 69,17 años . De los 576 participantes, 280 (48.7%) eran mujeres. Un total de 286 de 576 participantes (49.6%) usan un teléfono inteligente y 132 de estos 286 usuarios de teléfonos inteligentes (46.2%) también usan una tableta. Solo 33 de los 576 participantes (5.7%) usan una tableta sin un teléfono inteligente adicional.

Según la afirmación de los participantes con respecto al uso general o de la aplicación, se dividieron en tres grupos de usuarios: usuarios de aplicaciones de salud (n = 95), usuarios de aplicaciones generales (n = 216) y no usuarios de aplicaciones (n = 265).

Los usuarios de los tres grupos informaron al menos una enfermedad crónica por participante sin encontrarse diferencias significativas entre los tres grupos respecto a esta variable. Todos los grupos mencionaron la hipertensión con mayor frecuencia. El dolor de espalda, la artrosis y la diabetes también se mencionaron con frecuencia como enfermedades crónicas dentro de los tres grupos.

Respecto al número de aplicaciones generales instaladas en sus teléfonos. Los dos grupos (usuarios de aplicaciones de salud y usuarios de aplicaciones generales) tiene instaladas “hasta diez” aplicaciones tanto para usuarios de aplicaciones de salud (37%, 35/95) como para usuarios de aplicaciones generales (60%, 129/216).

Además, se preguntó a los participantes con qué frecuencia usan aplicaciones generales. La respuesta más frecuente dentro del grupo de usuarios de aplicaciones de salud fue “diaria” (73%, 69/95), la misma que para el grupo de usuarios de aplicaciones generales (49%, 106/216).

En relación con la aceptación de las aplicaciones de salud la razón más frecuentemente mencionada para el rechazo de las mismas en ambos grupos es la falta de confianza, seguida de preocupaciones sobre la privacidad de los datos y el temor a un diagnóstico erróneo.

Se han realizado estudios similares con diferentes tramos de edad poblacional sobre todo en Estados Unidos y en Hong Kong con diferentes resultados en cuanto al uso de aplicaciones en personas de edad más avanzada. En los Estados Unidos, el 19% de los propietarios de teléfonos inteligentes ya habían utilizado al menos una aplicación de salud en 2012 [ 1]. Sin embargo, el estudio no midió el nivel de uso entre los adultos mayores dentro de la muestra. Un estudio más reciente reveló una tasa de uso en 2015 de más del 50% en una muestra de adultos jóvenes y mayores en los Estados Unidos [2]. Un estudio diferente en Hong Kong identificó una tasa de uso de alrededor del 20% entre esta población en 2016 [3]. Las aplicaciones de salud mencionadas con más frecuencia en todos estos estudios estuvieron relacionadas con el ejercicio. Sin embargo, queda la pregunta de si los adultos mayores están dispuestos a integrar estos productos de cuidado de la salud basados ​​en la tecnología de la comunicación en sus vidas cotidianas. Para ellos, esto significa que tendrían que adaptarse a la nueva tecnología, especialmente porque son “inmigrantes digitales” que podrían no interactuar con teléfonos inteligentes y productos relacionados [4].

Aunque los estudios se han realizado con aplicaciones para teléfonos inteligentes (apps) no hay que olvidar que la tecnología va en desarrollo y que se están desarrollando otras herramientas de comunicción con aplicación sanitaria como los chatbots que pueden tener en un futuro próximo gran relevancia en el mantenimiento de la salud. Es cierto que estas herramientas son similares a sistemas de conversación que posiblemente sean más habitualmente usados por personas mayores ( tipo whatsapp o similares). Tampoco hay que olvidar otras herramientas con un presente y futuro significativo como pueden ser los wearables aunque el funcionamiento de ellas es más transparente para el usuario.

Nos parece muy interesante este artículo y otros referidos en la bibliografía, por la importancia concedida a los mayores (con más prevalencia de enferemedades crónicas) y su relación con la tecnología.

Queda al final la pregunta… ¿estamos considerando esta variable (edad) en cuanto a la facilidad de uso de herramientas digitales?

 

  1.  Fox S, Duggan M. Pewinternet. 2012. Mobile health 2012
  2. Krebs P, Duncan DT. Health app use among US mobile phone owners: a national survey. JMIR Mhealth Uhealth 2015;3(4):e101
  3. Shen C, Wang MP, Chu JT, Wan A, Viswanath K, Chan SS, et al. Health app possession among smartphone or tablet owners in Hong Kong: population-based survey. JMIR Mhealth Uhealth 2017 Jun 05;5(6):e77
  4. Prensky M. Digital Natives, Digital Immigrants Part 1. On the Horizon 2001 Sep;9(5):1-6.

 

Consultas virtuales en el NHS


Uno de los mejores blogs que uno puede leer es el de saludconcosas.blogspot.com, de Miguel Ángel Mañez, sin duda uno de los personajes más influyentes en el mundo de la eSalud. Recomendamos leer este blog porque, además de lo bien que escribe, es una mina inagotable de noticias y temas interesantes y de actualidad. Y esta semana ha escrito sobre un tema bastante escabroso, pero necesario de ser comentado: las consultas virtuales.

El National Health Service ha lanzado una app para realizar consultas virtuales con un Médico de Atención Primaria: GP at hand. En su post se analizan las ventajas y desventajas de este nuevo servicio del NHS y de su implantación polémica, ya que esta app está dirigida a solucionar los problemas más leves, dejando a pacientes crónicos y complejos de lado.

Precisamente éste es el principal problema que tienen estas apps de consulta virtual: no conocen al paciente. En España existen algunas aseguradoras privadas que han lanzado un servicio similar pero con un éxito bastante discutido. ¿Es porque la idea sea mala o porque no se tiene en cuenta el tipo de paciente que demanda en Atención Primaria?

Nuestro paciente prototipo es el de una persona con una media de edad de 70 años, con escasa formación en educación tecnológica, y con múltiples patologías, algunas con buen control, otras con mal o nulo control.

Es cierto que la educación tecnológica se va a ir eliminando en los próximos años, pero las patologías crónicas no. Sabiendo esto, ¿por qué no desarrollamos apps dirigidas a estos pacientes? Comparto una de las quejas de los Médicos de Familia británicos: todos los pacientes deben tener derecho a los mismos servicios. Es injusto que unos pacientes puedan beneficiarse de este servicio de consulta virtual y otros, probablemente los que más lo necesiten, no puedan acceder a él.

Hemos de diseñar aplicaciones dirigidas a todos los tipos de pacientes que vemos en nuestra consulta: agudos, crónicos, complejos, simples… porque el acto médico debe ser igual para todos.

Cuando la cabeza no da para más


Domingo de guardia. Entras a trabajar a las 9 de la mañana, fresco, descansado, con la cabeza bien despejada y las pilas bien cargadas para afrontar un día duro e intenso que se presupone que son las guardias. Veinticuatro horas encerrados en la urgencia, con un único propósito: atender bien y de la forma más rápida posible. Pasan las horas. Son las dos de la tarde, llevas cinco horas trabajando duro; el momento ideal para comer. Descansa comes, estiras las piernas; pilas otra vez semicargadas. Vuelves a trabajar cinco o seis horas más. Hora de la cena; tu cabeza te empieza a avisar del cansancio. Tomás café , cenas y te relajas; y vuelves a bajar. La siguiente vez que paras son las tres de la mañana y, por no saber, no sabes ni cómo te llamas ni cómo se llama tu paciente que está delante de tí. 

No vamos a hablar de los turnos de guardia de veinticuatro horas si son abusivos o podrían mejorarse. Vamos a hablar de cómo mejorar el rendimiento en situaciones tan extremas, cuando la cabeza no da para más. 

La urgencia o la UVI pueden ser los sitios más peligroso de todo el hospital. Tienes que tomar decisiones adecuadas en pocos segundos. Al principio no está mal, tienes la cabeza fresca y las ideas claras. Pero los turnos tan largos provocan que tomes malas decisiones por cansancio. Obviando la administración de café intravenoso en perfusión, debemos de buscar soluciones que nos obliguen a tomar las decisiones más adecuadas. Una de ellas puede ser el uso de recursos bibliográficos en internet; otra, para mí más cómoda por su rapidez, es el uso de apps. 

Este uso de recursos electrónicos no tiene que ser visto como falta de conocimiento por parte del profesional sanitario, sino como un material de ayuda y soporte. Y sobre todo de seguridad. Los errores de dosificación o de pauta son uno de los errores más frecuentes que cometemos en la urgencia, más incluso que el saber prescribir un fármaco adecuadamente. ¿y si lo corrigiéramos con apps o recursos electrónicos que nos ayuden?

Las nuevas tecnologías impregnarán dentro de poco todos los ámbitos de la sanidad, desde nuestra consulta hasta la urgencia, sin olvidarnos de la planta o la asistencia extrahospitalaria. 

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