Cuando la cabeza no da para más


Domingo de guardia. Entras a trabajar a las 9 de la mañana, fresco, descansado, con la cabeza bien despejada y las pilas bien cargadas para afrontar un día duro e intenso que se presupone que son las guardias. Veinticuatro horas encerrados en la urgencia, con un único propósito: atender bien y de la forma más rápida posible. Pasan las horas. Son las dos de la tarde, llevas cinco horas trabajando duro; el momento ideal para comer. Descansa comes, estiras las piernas; pilas otra vez semicargadas. Vuelves a trabajar cinco o seis horas más. Hora de la cena; tu cabeza te empieza a avisar del cansancio. Tomás café , cenas y te relajas; y vuelves a bajar. La siguiente vez que paras son las tres de la mañana y, por no saber, no sabes ni cómo te llamas ni cómo se llama tu paciente que está delante de tí. 

No vamos a hablar de los turnos de guardia de veinticuatro horas si son abusivos o podrían mejorarse. Vamos a hablar de cómo mejorar el rendimiento en situaciones tan extremas, cuando la cabeza no da para más. 

La urgencia o la UVI pueden ser los sitios más peligroso de todo el hospital. Tienes que tomar decisiones adecuadas en pocos segundos. Al principio no está mal, tienes la cabeza fresca y las ideas claras. Pero los turnos tan largos provocan que tomes malas decisiones por cansancio. Obviando la administración de café intravenoso en perfusión, debemos de buscar soluciones que nos obliguen a tomar las decisiones más adecuadas. Una de ellas puede ser el uso de recursos bibliográficos en internet; otra, para mí más cómoda por su rapidez, es el uso de apps. 

Este uso de recursos electrónicos no tiene que ser visto como falta de conocimiento por parte del profesional sanitario, sino como un material de ayuda y soporte. Y sobre todo de seguridad. Los errores de dosificación o de pauta son uno de los errores más frecuentes que cometemos en la urgencia, más incluso que el saber prescribir un fármaco adecuadamente. ¿y si lo corrigiéramos con apps o recursos electrónicos que nos ayuden?

Las nuevas tecnologías impregnarán dentro de poco todos los ámbitos de la sanidad, desde nuestra consulta hasta la urgencia, sin olvidarnos de la planta o la asistencia extrahospitalaria. 

Jornada de bienvenida de nuevos residentes


El próximo día 6 de julio en el hotel Preciados, localizado en la calle Preciados 37, tendrá lugar el acto de bienvenida de los nuevos residentes de medicina de familia organizado por la Vocalía de Residentes de la SoMaMFyC.

Será un acto en el que estarán todos los miembros de los #resisdemadrid, antiguos miembros de la vocalía y miembros de la sociedad. En él se dará a conocer las actividades de la vocalía de residentes y de la sociedad y de las ventajas de formar parte de la única sociedad científica de medicina de familia.

La sociedad pretende ser un punto de encuentro común para todos los médicos de familia para facilitar el aprendizaje y las relaciones sociales. Si crecemos como personas, creceremos como médicos.

No os lo podéis perder. ¡El próximo día 6 de julio todos los nuevos residentes están invitados!

La hipocondría digital


La e-salud, y sobre todo el crecimiento de la mhealth, ha producido un cambio radical en la medición de parámetros biológicos. Ya no es necesario acudir a un hospital o a un centro de salud para decir qué niveles de glucemia tiene uno, si el INR está en rango o la frecuencia cardiaca durante la noche ha variado mucho. Simplemente podemos tener toda esta información la podemos obtener casi a golpe de dedo a través de nuestro Smartphone y, lo que es más importante, haciendo una intervención casi mínima en el paciente.

Esto puede ser maravilloso, sobre todo en pacientes pluripatológicos donde debemos de tener controlados varios de estos parámetros. Y sobre todo el poder hacerlo desde casa, sin que el paciente tenga que desplazarse, es aún más maravilloso. El control casi total de los indicadores que puedan suponer un empeoramiento o deterioro en la patología del paciente.

Pero el control total ha provocado la aparición de un nuevo tipo de patología, que es la hipocondría digital. El tenerlo todo controlado no siempre es bueno, y lo es porque ese control puede provocar un nuevo síntoma, que es la ansiedad. El tenerlo controlado, desde los niveles de glucosa en los últimos tres meses hasta el número de paso o, incluso, el número de respiraciones que una persona realiza, puede incrementar esa sensación de falsa enfermedad cuando uno de esos datos no dista mucho de las últimas mediciones obtenidas. Normalmente tengo 114 de glucemia en sangre y hoy he tenido 156, ¿eso es malo? Se preguntarán algunos pacientes; y así con muchos de los ítems que podemos medir.

¿Tiene un impacto negativo medirlo todo? Para nada; muchas de las descompensaciones que se producen en patología crónica son debidas precisamente a esto, a no saber detectar de forma precoz por donde puede haber un empeoramiento de la enfermedad. Sin embargo la medición continua de parámetros biológicos puede tener una consecuencia negativa para nuestros pacientes, y es la ansiedad por ver que todos los parámetros estén en rango. Para evitar esta ansiedad, estas dudas que puedan surgir por mediciones fuera de rango, debemos de hacer una cosa básica con nuestros pacientes: enseñarles. Enseñar a nuestros pacientes que una medición es eso, simplemente, una medición; nos puede ayudar sí, pero no es definitivo.

Cada vez está más próxima la implantación total de la mhealth y nosotros, los profesionales sanitarios, debemos de anticiparnos a las dudas y temores que puedan tener nuestros pacientes. Sólo enseñándoles y formándonos en mhealth podremos sacar el máximo beneficio a una tecnología que cambiará nuestra forma de controlar a nuestros pacientes y que tengan una mejor calidad de vida.

La no evidencia


La evidencia es todo, o al menos debería de serlo, en medicina. Todas las decisiones clínicas deberían estar basadas en un fundamento científico, en un estudio que haya demostrado que nuestra actuación es la correcta. Pero la MBE requiere un factor fundamental, el tiempo para que una actuación demuestre o no que produce un cambio significativo. Y tiempo es lo que nos falta. En el mundo de la e-salud, en el de las nuevas tecnologías, el tiempo es algo que aparentemente no existe; y lo podemos observar en la cantidad inmensa de avances tecnológicos que ha habido en apenas tres años. Hace tres años lo más top era trabajar en la nube, hace dos la realidad virtual y los drones, hace uno el big data y sus algoritmos, este año los chatboots y el desarrollo de inteligencia artificial. ¡Si hace cinco años lo novedoso eran las apps! Lo dicho, una velocidad vertiginosa. 

Estos cambios tan rápidos, tan veloces, hacen que no existan estudios con suficiente evidencia científica sobre si estos cambios tecnológicos pueden tener un impacto sobre la salud del paciente. No hay tiempo suficiente para desarrollar estos estudios; cuando has planteado ya el estudio, sale otro aparato electrónico o nueva tecnología que testar. Y cuando lo vas a testar, vuelve a salir otro. Y así en un circulo vicioso. 

Este es uno de los grandes problemas de la e-salud. No se ha demostrado evidencia sobre la utilización de nuevas tecnologías en salud si mejoran o no ciertos parámetros de utilidad. Y esto es la consecuencia de que haya tantos y tantos buenos proyectos que se han quedado en eso, en proyectos, por falta de tiempo, por falta de evidencia. 

Leyendo un grupo de whatsapp- hablábamos sobre las vacunas contra el HPV y su eficacia como predictores del cancer de cérvix- leí esta frase que me sorprendió bastante: “estate a la última, prescribe la penúltima”. Para mí esta frase significa que debemos de dar tiempo a todo cambio que queramos producir. Por mucho que digan que lo nuevo es lo mejor, lo penúltimo también es bueno, con una ventaja: que tiene más tiempo para poder evidenciar su beneficio. ¿No deberíamos hacer lo mismo con la e-salud? Aunque salgan nuevos y buenos artilugios electrónicos, ¿no sería mejor empezar a evidenciar el beneficio de artilugios que ya conocemos sobre la salud de nuestros pacientes en vez de crear proyectos basados en los nuevos para después abandonarlos por falta de evidencia? 

¿No seria mejor evidenciar lo que ya tenemos, lo que ya conocemos?

Facebook: un aliado peligroso


Desde aquí no vamos a descubrir nada nuevo de las utilidades de los perfiles en las redes sociales. Son una parte muy importante en nuestro día a día, tanto laboral como profesional. Permiten compartir momentos, experiencias, tanto con amigos como con pacientes. Y esto puede ser sumamente peligroso.

El profesional sanitario, como tantas veces se ha explicado en este blog y en otros más, debe estar presente en las redes sociales para divulgar información de interés a la ciudadanía, corregir errores que puedan aparecer, fomentar el debate, participar en grupos de trabajo… pero tiene un inconveniente, que es la exposición de este profesional. Y exponernos profesionalmente no es ningún problema; de hecho debemos de hacerlo. El problema es cuando exponemos nuestra vida privada a los demás ya que puede volverse en nuestra contra.

Cuando nos creamos un perfil en cualquier red social, además de poner nuestros nombres, nuestros grupos, nuestros intereses, podemos poner nuestra profesión. Y precisamente los médicos tenemos que tener cuidado al decirle al mundo que somos médicos. Si quieres dedicarte a compartir experiencias personales, vídeos de tus amigos y otro sinfín de aventuras, lo mejor es que no digas que eres médico en las redes sociales; porque si lo haces, te estás poniendo una etiqueta que en muchos casos puede volverse en nuestra contra. Cuando te identificas como médicos, los usuarios que te sigan o sean amigos tuyos, pueden ser tus pacientes en un futuro; y en ocasiones no te conviene que vean lo mismo que ven tus amigos.

Y el peligro es máximo en Facebook. Esta red social tiene la ventaja de ser la más popular de todas y ser la favorita de muchos. Además, gracias a sus actualizaciones, podemos compartir de forma rápida y sencilla material multimedia, tan útil en algunas profesiones como la nuestra; por esto y por más razones la cantidad de profesionales sanitarios en Facebook está creciendo mucho. Pero esta red social es la más lúdica por excelencia: hay pocas fiestas (por no decir ninguna) a la que vayamos y no acabe algún tipo de fotografía en esta red social, pudiendo perjudicar seriamente a nuestra reputación digital como profesionales sanitarios.

¿Solución? Hay quien pensará que no deberíamos estar en redes sociales, que debemos de hacer comunitaria desde donde siempre lo hemos hecho, desde la consulta. Muy respetable por cierto, pero desde un blog de nuevas tecnologías este consejo es casi antagónico. Nosotros proponemos algo diferente, algo digital: crear una página de Facebook con perfil profesional.

¡Guárdate las fotos de las fiestas para tus amigos! Divulga contenido sanitario de calidad desde tu página de Facebook. También desde tu consulta, por supuesto. Pero el poder de las redes es inmenso.

Ciberseguridad y medicina


Hace unas semanas ocurrió algo de lo que todo el mundo hablaba, aunque nadie entendía. El día 12 de mayo tuvo lugar un ciberataque a nivel global mediante un virus que amenazaba con borrar toda la información del dispositivo infectado si no se hacía una transferencia en bitcoins.

Es decir, un auténtico secuestro de lo más valioso en el mundo, un secuestro de la información. Este virus no sólo afectó a grandes compañías de la telecomunicación u otras grandes empresas o consultoras con información muy sensible que puede valer millones; también afectó al sistema nacional de salud británico (NHS), ocasionando múltiples fallos en los sistemas informáticos de los hospitales haciendo que éstos funcionasen mal y tuvieran que derivar a pacientes a otros centro o, simplemente, pidiendo a la población que no acudiera.

Hablamos mucho de la protección de datos, de la confidencialidad de datos médicos de los pacientes. En un mundo donde todo se guarda y se digitaliza y donde el intercambio de información es bastante fácil de realizar. La confidencialidad y el saber utilizar estos datos es un pilar básico de nuestro código deontológico. Pero la mayoría de la comunidad sanitaria es ajena a esto, a posibles ciberataques que expongan estos datos y sean de libre acceso para todos.

¿Se invierte en ciberseguridad? Creo que sí. ¿Se invierte tiempo y dinero en que los profesionales sanitarios tengan un manejo básico de qué hacer en un caso así, o cómo evitar que estas cosas ocurran? No. Parece que la ciberseguirdad, que el manejo de datos de los pacientes no va con nosotros, y nos equivocamos. Nuestro paciente ya no es sólo lo que nos cuenta, lo que hace que sintamos cuando estamos con él; también lo son sus datos, lo datos que nosotros guardamos y codificamos en nuestras historias clínicas electrónicas. Y si aparecen estos datos en la red les afecta a ellos.

Unas nociones básicas de ciberseguirdad no hacen daño a nadie. De la misma forma que aprendemos medidas de prevención para evitar contagios de virus, de bacterias, ¿por qué no aprendemos a evitar que datos sanitarios de nuestros pacientes sean vulnerados?

Realidad virtual: el reto de sentir


Durante el #MADsemfyc tuve la oportunidad de hacer algo que nunca había hecho, y era ponerme unas gafas de realidad virtual. ¿Cómo alguien que colabora en el grupo de nuevas tecnologías no había probado algo así? ¿Y tengo el valor de llamarme tecnológico yo? Lo sé, soy un sinvergüenza.

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La experiencia fue maravillosa. Comprobé de primera mano que la realidad virtual es el futuro para el aprendizaje y la educación. Las posibilidades de aprender gracias a esta tecnología no tienen comparación con otras técnicas; sobre todo en el mundo sanitario. Para aprender, tanto estudiantes de medicina como de enfermería realizan prácticas; unas prácticas que en ocasiones no se les saca todo el provecho del mundo y simplemente es porque donde se realizan las prácticas más interesantes son en los hospitales, con pacientes y personas de verdad. Y en muchas ocasiones estas prácticas no son lo más completas por esto mismo, porque estamos con personas, y puede ocasionar situaciones incómodas. Gracias a la realidad virtual puede corregirse este déficit. Estoy seguro que en unos años la realidad virtual será pilar básico en la educación, tanto para profesionales sanitarios como para no sanitarios.

Pero todavía no es completa. Desde mi punto de vista el aprendizaje gracias a realidad virtual será máximo cuando se desarrolle uno de los sentidos fundamentales en el mundo sanitario: el tacto. Cuando practicaba este ejercicio podía interactuar con todos los elementos habidos y por haber: electros, TAC, poner incluso medicación… Pero no sentía que lo tocaba. En la simulación en la que yo participé puede ser que no sea lo más importante, pero para otros ejercicios lo considero fundamental. Por ejemplo, para que alguien aprenda a palpar hepatomegalias, adenopatías, sepa la dureza que tiene la piel cuando sutura, o para aprender a realizar masaje cardiaco… Son fundamentales.

Sostengo que la realidad virtual es el modo de aprendizaje en el futuro. Todas las escuelas y universidades deben de tenerla y los proyectos de investigación deberían estar enfocados a invertir en esta tecnología. Pero sino tocamos, sino sentimos, este método de aprendizaje será en balde. Aprendemos cuando tocamos; aprendemos cuando sentimos.

¿Está fracasando la Historia Clínica Electrónica?


Hace aproximadamente un mes el Hospital General Universitario Gregorio Marañón cambió su sistema operativo. Desterró el rudimentario Documentación Clínica por el HP-HCIS, un nuevo sistema operativo. No vamos a entrar en cuál es mejor, cuál es peor; se verá en el futuro, no a un mes vista.

De lo que vamos a hablar es de lo mal que usamos la historia clínica electrónica.

La historia clínica electrónica tiene dos objetivos básicos: el aunar toda la información médica de un paciente (radiografías, consultas, evolución de laboratorios, etc…) en un mismo lugar; y que esta información se pueda compartir con otro profesional sanitario de forma rápida e inmediata. Resumiendo, es una base de datos que permite al facultativo obtener toda la información del paciente independientemente del lugar donde se encuentre. Ya no hace falta trasladar esos historiales de papel de un lado a otro. Ya está todo en esa base de datos.

La teoría es muy bonita; es preciosa; es lógica. ¿La realidad? Terrible. Y cuando digo terrible es que lo es. Y pongo un ejemplo. Con el cambio de sistema operativo en el Hospital Gregorio Marañón, los datos recopilados durante todos los años que llevaba documentación clínica vigente no se han traspasado al nuevo sistema operativo. No se han perdido cierto, pero ahora mismo cuando se atiende a un paciente en el Gregorio Marañón el facultativo tiene que introducir de nuevo todos los datos médicos. En algunos es fácil; en otros, con veinte diagnósticos distintos, con doce pastillas distintas, es difícil hacer, y sobre todo en la urgencia, donde el tiempo es oro.

Este esfuerzo valdría la pena si luego toda esa información codificada pudiera ser utilizada por otros centros. Pero es aquí lo terrible. No es posible. La información codificada por el facultativo en el Gregorio Marañón sólo puede ser usada por profesionales del área de trabajo de ese hospital. Es decir, en la Comunidad de Madrid creemos en el área única sanitaria, en poder elegir el facultativo sanitario que queramos; pero lo datos están compartimentados. ¿Es de locos, o es para volverse loco?

La historia clínica tiene como objetivo el poder compartir la información sanitaria de los pacientes para mejorar la asistencia sanitaria. Si esto no se cumple, está fracasando. Y con ello, la atención al paciente.

¿Miedo al empoderamiento?


En el mundo de la ehealth hay un término que está en la boca de todas las personas que nos dedicamos a este mundo, y no es más que el empoderamiento del paciente. De hecho es uno de los objetivos de este mundo: que el paciente pueda decidir en base a una evidencia científica ya sea mediante apps o fuentes de información fidedigna para el aprendizaje y manejo de una enfermedad.

Sin embargo, desde el punto de vista del profesional sanitario, observamos que hay compañeros reticentes. ¿Por qué? ¿Por qué existen profesionales sanitarios que no están por la labor de introducirse en este mundo de la ehealth y dotar al paciente de la información científica veraz para el manejo adecuado de una patología mediante herramientas tecnológicas? ¿Por qué se sigue insistiendo en el control y evolución desde la consulta y no desde una plataforma online?

La peculiaridad de nuestro sistema sanitario no ayuda nada a la implantación de apps sanitarias. Creemos en un sistema universal y nacional sanitario, pero cada comunidad autónoma tiene su propio sistema de historia clínica electrónica a dicho nivel, no permitiendo el compartir datos en un ámbito nacional. Es más, ni siquiera aquí, en Madrid, tenemos un mismo sistema operativo, de tal forma que, si acudiera un paciente, por ejemplo, al hospital Gregorio Marañón, y dicho paciente tiene un episodio clínico en el hospital de La Paz, yo no puedo acceder a dicho episodio, porque los sistemas operativos son distintos.

Esta característica de cómo está organizado nuestro sistema de salud de forma tecnológica hace que la implantación de la ehealth y de apps sanitarias no hace más que entorpecer su implantación. Si a esta dificultad se le añade la poca formación que recibimos los profesionales sanitarios en nuevas tecnologías hace que el empoderamiento del paciente sea lento, muy lento.

¿Miedo a que nuestra profesión, el ser médico, sea sustituido por un chatbot? No creo que nos sustituyan, sino que estas herramientas nos ayudarán; y sobre todo ayudarán a la pieza más importante de nuestro sistema: los pacientes, las personas.

Cuidando al e-cuidador


Siempre que hablamos de nuevas apps en salud pensamos en apps dirigidas a pacientes, a personas enfermas que buscan en estas aplicaciones un apoyo o simplemente un diario de a bordo, recogiendo datos o impresiones de su enfermedad que ayuden a ver la evolución de la enfermedad o que sirvan para que otras personas con la misma enfermedad tengan unos datos de “referencia”.

Sin embargo las enfermedades que asolan nuestra sociedad son, en su mayoría, enfermedades crónicas. Y es más, provocan que otras personas cuiden de los enfermos. El papel de los cuidadores en algunas de estas enfermedades es básico. Y en ocasiones quien está más enfermo, quien necesita más ayuda es esta persona, más incluso que dl propio paciente. ¿Por qué no le damos soporte digital a estas personas, a estos cuidadores?

Es cierto que podrían utilizar las apps dirigidas para las enfermedades. Por ejemplo, en vez de que el paciente sea el que utilice la app para la recogida de datos, sea el propio cuidador. Pero volvemos a caer en la trampa; el cuidador sigue cuidando del paciente, incluso en la propia app. Mi propuesta es que, en aplicaciones médicas para enfermedades, haya un subapartado para observar la evolución del cuidador. Existen muchos cuestionarios que pretenden medir, o intentan hacerlo, la sobrecarga de estas personas. Por qué no incluirlos en estas apps? Sería tan sencillo…

Las apps en salud tienen la utilidad de informar y ser una fuente de datos para las distintas enfermedades médicas. Pero muchas veces no hacemos una valoración global de lo que es estar enfermo y de los distintos factores, tanto sociales como económicos -¿por qué no?- que implican ser un paciente crónico. Y por tanto, las apps en salud deben tener esa valoración.