Servicios gratuitos en Internet


Nos hemos acostumbrado a recibir servicios gratuitos en la red. No pagamos por utilidades cotidianas en nuestro día a día como nuestro correo electrónico, servicio de búsqueda en la web, gestión de archivos, almacenaje…. Pero ya hemos dicho en numerosas ocasiones que no hay nada gratis en la red.

gratis

 

Con la aparición de nuevos servicios más allá de los existentes vía web (aplicaciones para terminales móviles, chatbots) aparece de nuevo este dilema. ¿Somos capaces de pagar por se servicios que creamos importantes?.

Si hago una crítica personal, la mayoría de aplicaciones que tengo en mi teléfono son gratuitas y me ofrecen servicios muy interesantes… ¿se´ría capaz de pagar por la descarga o por el uso de servicios?.

Esta misma pregunta se la realizan quienes lanzan al mercado aplicaciones y existen diferentes puntos a tener en cuenta.

  1. Costumbre del “todo gratis” digital. Aunque el “todo gratis” ha ido cambiando. Un ejemplo ha sido el cambio de los hábitos de consumo de productos audiovisuales. La mayoría de las ocasiones no buscamos la posesión de un soporte físico (excepto para algunos fanes que puedan buscar un vinilo o una película y deseen su posesión) sino que buscamos el poder usar un servicio, ver una película o serie o escuchar una canción determinada. Actualmente disponemos de múltiples plataformas de productos audiovisuales que por un precio razonable nos permiten el disfrute del servicio multiplataforma.
    No solamente ha cambiado el sector audiovisual. Las publicaciones científicas han cambiado su modelo de negocio repercutiendo el gasto de edición en quienes generan contenidos (a cambio de visibilidad y presencia) y no en el consumidor / lector de los artículos. El sector automovilístico está en este proceso de forma que numerosas plataformas de alquiler por uso de vehículos (motos o automóviles) pueden llegar a desplazar el modelo de negocio donde no va a primar la posesión sobre el uso.
    De esta manera nos estamos acostumbrando a pagar por servicio.
  2. Existencia de aplicaciones o servicios similares que puedan tener una versión gratuita… con lo que los clientes se decantarán por “lo gratis”.

Los servicios gratuitos nos tienen vigilados. Somos su mercancía (a través de los datos que generamos) y no sus clientes. Todos estos datos que hacen referencia a nuestros gustos, aficiones, hábitos de vida, rutinas… ahora pueden ser estudiados de manera poblacional a través del BigData y generan datos que reflejan tendencias en todos los ámbitos y que son vendidos a empresas de cada uno de los sectores para que conozcan a su público potencial.

Además, estamos sectorizados y de esta manera nos bombardean con publicidad dirigida (que personalmente prefiero a la publicidad global de medios) utilizando argumentos y medios muy mejorados ya que conocen nuestro grafo social y ante la pregunta “¿sabes que nuevo libro ha comprado tu amigo fulanito en tal tienda virtual?” no podemos resistirnos en hacer un clic (y a veces hasta picamos).

Lo último fue hace unos años que podíamos subir sin límite de espacio cuantas imágenes quisiéramos en almacenes virtuales… y a los pocos meses estaba comercializado el software de reconocimietno facial muy mejorado (aunque a veces falle) a partir de entrenamiento con millones y millones de puntos faciales que nos identifican como personas. ¿casualidad?.

Pero volvamos al tema de la monetización de servicios o aplicaciones. Para ello hay que conocer bien al público usuario de la aplicación y al entorno respecto a nuestros servicios.

  1. Público diana: ¿que sistema operativo utiliza en su mayoría?, ¿pertenece a una profesión determinada?, ¿servicio de ocio o profesional?.
  2. Entorno: ¿Existen aplicaciones similares?, ¿cual es su modelo de negocio?, ¿ha tenido éxito?.

Existen tres maneras de generar dinero en aplicaciones gratuítas:

  1. A través de comercializar los datos que los usuarios van generando. Por ejemplo las aplicaciones de entrenamiento generan gran cantidad de datos sobre rutinas de ejercicio físico que son muy apreciadas por empresas del sector deportivo.
  2. Por publicidad directa. Muy molesta para el usuario (pero si el servicio merece la pena, somos capaces de soportarla de forma cómoda siempre que no interfiera demasiado). La tarificación de los servicios de publicidad está en función del número de descargas que tenga la aplicación, su uso, tipo de cliente que la utiliza y el número de clics en los banners. El problema que existe al contratar este tipo de publicidad es que estos datos han de estar cuantificados (la aplicación o servicio ha de estar en activo) para poder hacer una estimación de los ingresos que se pueden obtener por esta vía.
  3. Por la posibilidad de compras dentro de la aplicación.

Esta modalidad es cada vez más utilizada. Existen varios tipo de “compras” dentro de las aplicaciones: consumible, no consumible, suscripciones no renovables o suscripciones de renovación automática.

  1. Consumibles: El usuario compra con dinero real a través de la plataforma una serie de privilegios para debloquear opciones o servicios que se encuentran bloquedos en la aplicación gratuita.
  2. No consumibles: El usuario paga por un servicio más personalizado (por ejemplo la supresión de publicidad).
  3. Suscripciones no renovables: Periodo de prueba y pago único por el uso indefinido de la aplicación o de esa versión.
  4. Suscripciones renovables: Se paga una tarifa por tiempo (mensual, trimestral, semestral o anual).

El problema en el que estamos es que muchas ideas de aplicaciones o servicios no se ejecutan porque no está claro qué modelo de negocio pueden tener o cómo van a comportarse en el mercado digital. Para hacer y mantener actualizada una aplicación o servicio se necesita invertir mucho tiempo y dinero. Por eso cada vez que descarguemos una aplicación tenemos que pensar cuantas personas y cuantos puestos de trabajo están por detrás de ellas.

 

Telemedicina en el NHS y posible aplicabilidad en España


Captura de pantalla 2018-02-08 a las 20.13.00En estas últimas semanas se han hecho eco numerosas revistas especializadas en salud y en tecnología de la aparición de servicios de telemedicina dirigidos a la atención primaria dentro del sistema sanitario público británico (NHS o Natinal Health Service).

El NHS siempre ha sido pionero en el uso de herramientas tecnológicas aplicadas a la salud. Es referencia su página sobre valoración y recomendación de aplicaciones para terminales móviles en temas de salud con un sistema muy bueno de valoración de las mismas. Además está haciendo grandes esfuerzos para que sus trabajadores usen herramientas tecnológicas.

Es cierto que el sistema público de asistencia sanitaria no puede ser equiparable al nuestro y que sus iniciativas no pueden ser extrapoladas directamente al nuestro.

Hasta el momento había pequeñas compañías que han implementado sistemas de asistencia médica utilizando plataformas de telemedicina (con todos los requisistos de seguridad y confidencialidad). Existen dos modalidades de servicio:

  1. Empresas privadas establecen equipos de médicos/enfermeras/fisioterapeutas/matronas para dar servicio sanitario a particulares.
  2. Empresas que ponen a disposición plataformas de este tipo para el uso privado por parte de profesionales autónomos.

Y dos modelos de negocio: pago por consulta o suscripción a una serie de servicios.

Una realidad en nuestro país es la plataforma BLUA de Sanitas donde esta aseguradora se adentra en servicios de telemedicina como ejemplo de la primera modalidad de servicios o plataformas como Doctor24 o Sanidoctor en la segunda modalidad.

En un sistema altamente presencial como es el sistema español donde hay una proximidad y cercanía muy grande del primer nivel asistencial no parece que estos modelos tengan una importante repercusión.

Esta nueva plataforma de telemedicina del NHS ofrece las siguientes posibilidades al ciudadano:

  1. Acceso 24/7/365.
  2. Posibilidad de receta electrónica.
  3. Compromiso de respuesta en menos de dos horas.
  4. Posibilidad de videoconferencia.
  5. Atendida por médicos/as de familia con al menos 10 años de experiencia profesional.

¿Qué pasaría si el sistema público pusiera a disposición de los usuarios algún servicio de este tipo?.

La verdad es que responder a esta pregunta es hacer un ejercicio de ficción interesante.

  1.  Demanda: Podríamos pensar que muchas de las demandas que atendemos de forma presencial y que no precisan un contacto directo entre el sanitario y el paciente podrían ser resultas de forma no presencial…. pero ¿de verdad la telemedicina disminuiría el número de consultas presenciales en un sistema gratuito o generaría una nueva forma de contacto de manera que al aumentar la oferta aumentaría la demanda?.
  2. Frecuentación: Los profesionales que atenderían los servicios de teleasistencia no tendrían porqué ser los profesionales que tienen una atención longitudinal con el paciente o la familia. Posiblemente esta asistencia puntual por un servicio telemático originase una nueva atención al médico o enfermera de familia para “contarnos” qué ha sucedido.
  3. Saturación: Otro problema sería que si el acceso fuera totalmente gruito y accesible (24 horas/7 días a la semana) y debido a la necesidad de inmediatez que nos genera la herramienta internet, se podría mal utilizar para solucionar dudas o problemas banales hasta saturar un sistema que tendría que estar sobredimensionado ante estas eventualidades. Otra posibilidad sería una alerta sanitaria (real o sentida) que sería capaz de colapsar el sistema
  4. Equidad: Otro inconveniente sería la inequidad que se podría originar ofreciendo nuevas vías de contacto a servicios de salud a ciudadanos que ya lo disponen por otras vías y negarlo a otros ciudadanos que, por cuestiones de ausencia conocimientos o herramientas de acceso, necesitan más contacto con el sistema sanitario y se le alejaría del mismo.
  5. Coste: Sobre el papel los servicios de telemedicina son más eficientes y abaratan costes. Pero  si el servicio es un añadido a lo existente en presencial y no se ponen límites (que no barreras) de acceso a los servicios supondría un gasto añadido que de por sí sería ineficiente originando un gasto inicial técnico elevado.

Por ello implementar un sistema de teleasistencia sin determinar objetivos claros y sin modificar (que no quiere decir limitar o poner barreras) de alguna manera la accesibilidad estaría, posiblemente, encaminado al fracaso.

Es una pena, porque con un uso responsable y racional del sistema sería muy ventajoso:

  1. Para el ciudadano:
    1. Forma de acceso cómoda, rápida y eficaz para resolución de problemas puntuales que no precisan presencia física.
    2. Cuando se necesite un acceso presencial al sistema se dispondrá de más tiempo de consulta para resolución de problemas reales sanitarios.
    3. Mayor satisfacción.
  2. Para el profesional:
    1. Desburocratización de la consulta con separación de problemas administrativos de clínicos.
    2. Mayor satisfacción.
  3. Para el sistema:
    1. Mayor eficiencia.

Pero para ello hay que modificar previamente la estructura de la atención primaria y de la asistencia en este nivel a través de herramientas y decisiones de gestores y políticos:

  1. Reformulación de los sistemas de ausencia laboral (bajas y justificantes) ya que existen otras fórmulas que no dependen de una enfermedad real o simulada.
  2. No realización de justificantes o informes que, además de estar al límite respecto a la vulneración de datos de alta privacidad y por lo tanto extremadamente sensibles, no parecen entrar dentro de las competencias profesionales de los médicos de familia. Muchos de ellos son solicitados por la propia administración pública (oposiciones, INEM, servicios sociales…).
  3. Sistema de prescripción. Aunque existen avances al respecto es aún muy mejorable como la existencia de una receta electrónica común en todas las autonomías del estado.
  4. Mejora de sistemas de coordinación y comunicación entre niveles asistenciales.
  5. Responsabilidad de otros niveles:
    1. Los/las médicos de familia no estamos para explicar a los ciudadanos decisiones tomadas en otros niveles asistenciales.
    2. Los/las médicos de familia no estamos para dar resultados de pruebas complementarias solicitadas en otros niveles asistenciales.
    3. Los/las médicos de familia no estamos para generar nuevas interconsultas de procesos crónicos para que cuentes como “primeras visitas” y así ser cómplices de sistemas de maquillado de listas de espera.

Hasta que no exista una modificación estructural que conlleva decisiones a nivel gestor y político no se podrá implementar un sistema real y con posibilidad de éxito de telemedicina. Es decir, desgraciadamente, nuestros gestores y nuestros políticos están entorpeciendo la aplicación de sistemas que técnicamente podrían ser implementados y que mejorarían la salud de los ciudadanos.

 

Calidad de productos sanitarios en un mundo a alta velocidad


La tecnificación de la salud y de los dispositivos sanitarios ya sea para el diagnóstico, seguimiento o tratamiento de enfermedades o procesos sigue una curva exponencial. Las organizaciones sanitarias están adecuando los protocolos de aprobación de estos dispositivos para adecuarse a la salida de los mismos al mercado ¿serán capaces de estar a la altura de este ritmo frenético?, ¿la velocidad de aparición de herramientas superará a la velocidad en que éstas se aprueben para su uso?, ¿se deteriorarán los estándares de calidad?.

Los viejóvenes aún estamos en activo y, como somos muy inquietos, intentamos estar lo más actualizados posible. En mis épocas de estudiante y residente había muy poca tecnificación asociada  a los procesos de diagnóstico y tratamiento de procesos y enfermedades. Tensiómetros, glucómetros, electrocardiógrafos o ecógrafos desde un punto de vista general; y especialidades más tecnificadas como el diagnóstico por imagen (aparatos de tomografía o resonancia nuclear magnética) y especialidades médicas y quirúrgicas con instrumentos mucho más específicos como la oftalmología, la cardiología, otorrinolaringología, anestesia y cuidados intensivos.

Para los pacientes la cantidad de aparatos relacionados con su salud era también muy limitada con los primeros tensiómetros digitales domésticos, glucómetros y poco más.

El contacto de los sanitarios con herramientas altamente tecnificadas era minoritario, específico de servicios hospitalarios muy concretos y la velocidad de aparición de nuevas herramientas mucho más lenta.

Con el desarrollo de sistemas de comunicación aplicados a aparatos con señales digitales se desarrolla una inicial “telemedicina” con la posibilidad de acceso remoto a datos de salud. Se desarrollan los primeros sistemas que permiten comunicar al paciente en su domicilio con su médico, comunicaciones entre niveles asistenciales o monitorización a domicilio. Cada vez se desarrollan sistemas de comunicación más seguros, sensores más fiables y la cultura sanitaria se va acomodando a estas nuevas herramientas.

En la actualidad la velocidad de aparición de nuevos instrumentos sanitarios es más rápida debida a numerosas causas:

  1. Cada vez dependen menos del hardware (máquina) y más del sofware (programación) por lo que la innovación es más sencilla, barata y rápida.
  2. La inteligencia artificial y el aprendizaje automático genera sistemas autoprogramables y en mejora continuada.
  3. El abaratamiento de la producción hace posible que aparezcan cada vez más sistemas de alta tecnología de uso doméstico.

La velocidad de aparición de nuevas herramientas (apps para sistemas móviles, wearables, herramientas robóticas, impresiones en 3D, relaciones de variables a través de bigdata) es cada vez más rápida.

Medical_Devices_Through_Life

Todos los productos sanitarios están sometidos a una estrictas normas de regulación para su producción y comercialización tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos por lo que cada nuevo sistema, aparato de medida, herramienta diagnóstica o de tratamiento, ha de ser aprobada por la FDA americana o la EMEA europea que son la agencias encargadas.

Hace pocos meses llegó a nuestro correo electrónico la reseña de un interesante artículo “Medicine Is Going Digital. The FDA Is Racing to Catch Up” en el que se nos plantea el problema de tiempo y recursos necesarios para la aprobación de productos sanitarios que se generan cada vez a mayor velocidad.

Plantea la posibilidad de que exista una “doble velocidad” de aprobación de comercialización de estos productos, más exigente para empresas “menos confiables” y más sencillo para “empresas confiables”. De esta manera las agencias reguladoras actuarían como servicios de seguridad que son más exigentes (y tienen más control) con personas (empresas) conocidas que con otras que lo sean menos y que aún no se han ganado su confianza.

De esta manera herramientas de grandes empresas que ya tienen productos aprobados por la FDA tendrían una regulación más laxa y empresas que están iniciando su andadura tendrían unas normas más estrictas para lograr la aprobación (comercialización) de su producto.

Se nos plantean varias dudas a este respecto desde el punto de vista de la innovación industrial:

  1. Se puede penalizar la innovación. Una idea generada por una empresa poco conocida y que inicia su andadura a partir de la misma saldría perjudicada frente a una idea peor de otra empresa conocida.
  2. El tiempo desde la generación de la idea en el seno de una gran empresa hasta la comercialización de un producto sería mucho menosr en empresas conocidas que en desconocidas. Todos sabemos que estar el primero en el mercado supone una ventaja, por lo que se beneficiaría a empresas establecidas en el mercado frente a nuevas empresas con el riesgo que el número de empresas sea mucho menor.
  3. Posiblemente, para muchos innovadores, sea más rentable vender la idea que iniciar la aventura de generar un producto.

Pero también se nos generan dudas respecto a la calidad del producto fiinal para el consumidor.

  1. Si una empresa sabe que sus estándares van a ser más laxos, ¿no se corre el riesgo de que los requisitos internos de calidad sean también más laxos?.
  2. En un momento donde estar el primero en el mercado ofrece una ventaja comercial enorme, ¿no primará este hecho frente a la calidad final del producto?.
  3. ¿Llegaremos a tener productos de baja calidad en el mercado con una garantía de calidad de estas agencias poniendo en riesgo la seguridad del paciente?.

Es cierto que algo hay que hacer algo, pero posiblemente, esta doble vía no esté exenta de peligros importantes donde los ciudadanos podemos ser quienes tengamos que asumir riesgos que pueden afectar a nuestra salud.

X Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico. #10cronico


Ya van 10 años de colaboración entre la Sociedad Esapañola de Medicina Interna (SEMI) y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) para organizar este congreso multidisciplinar con participación de farmacéuticos de atención primaria, farmacéuticos comunitarios, trabajadores sociales, médicos y enfermeras de diferentes especialidades y pacientes.

Este año ha sido en Zaragoza durante los días 1 y 2 de marzo y nuestro grupo de trabajo ha colaborado con varias aportaciones.

Nada más llegar al congreso participamos en la mesa redonda “Nuevas tecnologías en la cronicidad: cambiando los cuidados”, moderada por Domingo Orozco Beltrán y Ricardo Gómez Huelgas.

En esta mesa participaron José García Moros “Redes sociales: ¿la solución al seguimiento de pacientesc crónicos?”, Inmaculada Plaza García y Eduardo Gil Herrando “Nuevas tecnologías. El futuro ya es presente”, Julio Lorca Gomez “Telemedicina en el seguimiento de enfermos crónicos: el modelo DKV seguros” y Juan Custardoy Olavarrieta “Telemonitorización domiciliaria con wearables de las enfermedades crónicas”.

Entre medias estábamos nosotros hablando de “Inteligencia artificial aplicada a la salud en el seguimiento de pacientes crónicos” donde hablamos de qué es la “inteligencia”, cómo definimos “inteligencia artificial” y qué aplicaciones tiene en el seguimiento del paciente crónico

Os dejamos la presentación que llevamos a la mesa. Sabemos que nos grabaron en vídeo y en cuanto lo suban a las redes lo compartiremos aquí con vosotros.

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También llevamos el poster “Evidencia en el uso de la tecnología en la atención al paciente crónico ¿Podrá un “chatbot” ayudar a nuestros pacientes a dejar de fumar?” en el que colaboramos investigadores del grupo de nuevas tecnologías y grupo de atención al tabaquismo de la SoMaMFyC. Los autores de este trabajo somos: J.F. Ávila Tomás, E. Olano Espinosa, C. Minué Lorenzo y J. Martínez Suverbiola cuyo objetivo es evaluar la efectividad de una intervención para ayudar a los fumador es a abandonar el tabaco a través de un bot conversacional para teléfonos inteligentes en co mparación con el manejo habitual en atención primaria de salud mediante la medición de las tasas de abstinencia continuada con verificación bioquímica a los 6 meses.

Os dejamos el poster que simula la conversación entre un congresista y el bot.

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